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Poemas mejor votados desde Enero 29

poema

Te quiero y no lo sabes

Quiero amarte.
Con mis escondidas fuerzas
Un paso decisivo.
Serena, callada y muda  
Simple, ,ingenua, pero un alma llena de nobleza.

poema

Guerreros de la lluvia

Que deje ya de llover,
que Dios está a nuestro lado,
porque en cada gota de lluvia
hay un susurro de fe,
un rayo de luz entre nubes,
una promesa de cosechas,
nuestros cultivos,
nuestros sueños,
renacerán
como el sol al amanecer.
Venceremos,
sí, venceremos al agua,
venceremos a la suerte
que a veces juega en nuestra contra.
Con la fe anclada,
con la fuerza siempre
con manos que han trabajado
y corazones que han soñado,
de la mano,
codo a codo,
no nos vence ni la muerte,
pues el amor que llevamos
es más fuerte que cualquier torrente.
Autor:Vicky Exposito

poema

El viejo, el joven y la muchacha

El viejo, el joven y la muchacha
A la derecha, en la esquina de la parada de colectivo, los gritos de la gente, algunas bocinas y la muchedumbre de siempre oscurecían esa escena. El aire se llenaba de ese humo melancólico que se siente en la garganta y obligaba a callar, y el bullicio provocado por la vorágine de la ciudad era ignorado muchas veces por los transeúntes.
La plaza era inquieta y enorme. Debajo de ese álamo viejo que parecía bailar y desprenderse de sus hojas ya amarillentas y marrones al ritmo de un vals triste y cansado, yacía ese banco blanco y gastado donde cada martes y cada viernes se sentaba el viejo.
—¡Cartera gris, Julieta o Janina! —gritó el viejo antes de que una mujer pasara delante de él.
—No, no, es Amalia o Amelia. —respondió el joven sentado a su lado.
Ellos jugaban a adivinar; era un juego que no tenía un ganador, porque en definitiva y a la larga, jamás lo averiguarían. A ellos no les importaba.
Los ojos del viejo parecían cristales, eran de un azul trillado e intenso, que guardaban memorias y recuerdos.
Mientras observaba las hojas girar incansablemente, alejarse y perderse sobre las baldosas frente a él, supo muy bien que quizás sería su último otoño, el viento fresco de mayo ya se sentía en sus huesos, pero, en cambio, su alma parecía escapársele noche a noche.
—Pasé una hermosa noche junto a una bella chica el miércoles —contó el joven al viejo.
—¡Qué hermoso lo que me cuentas! —exclamó el viejo. —¡Adivino que se conocieron por muchísimo tiempo hasta llegar a esa noche! -
—No, hoy es muy distinto, existen las redes sociales, cambió totalmente todo. - objetó el joven.
- Recuerdo cuando conocí a Ana; éramos vecinos, vivía a unas cuantas casas de la mía, en aquel pueblo donde te he contado que pasé mi juventud. Meses y meses escribiéndole cartas, luego accedió a que la acompañara a alguna heladería o a algún bar, dos o tres meses más y al cine; al cabo de dos años nos besamos por primera vez. Mi Ana, mi Anita, justamente hoy hace siete años que ya no está. – Mirando de reojo al cielo, luego a la esquina. Contó el viejo con el corazón desgarrado.

—Lo que es la vida y sus casualidades, la chica que conocí el miércoles también se llama Ana. - exclamó el joven sonriendo.
Eran casi las diecinueve y…- —¡ciento ochenta y siete! —gritó el joven apenas vio descender del colectivo a la muchacha. Esa exclamación repentina era cómplice; ambos sabían que indicaba que la muchacha más tarde o más temprano pasaría frente a ellos. Quizás era lo único que ellos esperaban en esa plaza, tal vez era lo único que los unía.
—Me recuerda muchísimo a mi Ana- —dijo el joven con voz calma y pausada. —la forma en que balancea sus brazos, cómo se viste, sus pasos largos y decididos—
—Mi Ana tenía sus mismos ojos, marrones claros y profundos. También se sujetaba el pelo con un pañuelo de color intenso igual que la muchacha. –replicó el viejo.
El viejo sabía que probablemente sería una de las últimas veces que la observaría. Él lo sentía. Lo adivinaba. El frío y la brisa de la tardecita se lo recordaban a cada instante.
La muchacha se dirigía apresurada y en breve caminaría frente a ellos. Unos metros antes de pasar frente a ese banco blanco y gastado, aminoró su marcha, fijó sus hermosos ojos penetrantes en el viejo y dio dos o tres pasos más.
Frente a él, dejó caer una dulce sonrisa, que en ese instante al viejo le pareció la tierna y vieja sonrisa de su Ana.
Ahora la mirada de la muchacha era una mezcla de ímpetu y consuelo y de sus labios disfrazados de un rouge enérgico cayeron estas palabras que penetraron el alma helada del viejo. —Hasta luego, caballero-.
El viejo permaneció inmóvil, perplejo y confundido; no fue capaz de mencionar palabra alguna.
La muchacha continuó su camino, ahora apresurando su marcha una vez más. No dejaba de pensar ni siquiera un segundo en ese viejo, viejo dulce y enternecedor, que cada martes y cada viernes percibía solo, gesticulando y hablando con alguien sentado a su derecha, a alguien al que solo él podía ver.

poema

NUESTROS ESPEJOS CIEGOS

Nos miramos en espejos ciegos,
vemos lo que queremos ver
entre figuras deformes.

Un labio que ama,
que crees que es del otro
pero es el tuyo gritando: ámame.

Unos cabellos lisos, relucientes,
queriendo ocultar la insatisfacción
que sientes.

Unos ojos inquisidores,
buscando al ser perfecto.

Son espejos ciegos,
sombras de apariencias
que nadie nombra.

Pero la verdad
está en el espejo sincero,

el que te muestra desnudo,
sin caretas ni tapujos.

Allí estás, encadenado a las máscaras,
a los maquillajes,
a los patrones cuadrados.

Allí tu corazón late donde no quiere latir,
acepta lo que no acepta,
ve lo que no quieres ver.

Allí eres el muñeco del sistema.

Abre los ojos: ama al espejo sincero,
donde habita el miedo que callas,
la voz que pide ser escuchada,
tus deseos escondidos,
y la libertad que empieza
cuando te reconoces frágil
y aun así te sigues amando.

Edith Elvira Colqui Rojas-Perú

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La bandera

Al viento flamea orgullosa ,tricolor se alza virtuosa acarrea polvo y tempestad de siglos ,numerosas batallas ha presenciado y su estilo ha cambiado se ha vestido de diversos colores ,la bandera chilena crece entre desiertos,flores y valles nevados
Crece entre instrumentos y compases que por años la han adornado ,lleva impresa en su estrella la tempestad de un pueblo que con orgullo se ha levantado , es la dama chilena que con orgullo por años se ha congregado y aunque rendirle honores yo debo a decir me atrevo no sea que algún día el pueblo la deshonre aunque orgullosa se levantará de nuevo

poema

Te extraño

Te busco y no te encuentro , mi corazón gotea lágrimas si no te veo y mi boca se ahoga en un llanto amargo deseo verte y te busco entre las sombras de la noche la vida se me hace una eternidad que quisiera que acabase en este momento ,entre las sombras de mi soledad la vida se me va en un hilo exhalando el último soplo de vida con la esperanza de verte de nuevo

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Burbujas

No hay necesidad
Nada
No hay burbujas
Ni polos opuestos
He sido feliz
Y los libros lo han dicho
Nada que decir
Déjalo que arda en tí

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Cordillera de Los Andes

La llanura densa,silenciosa guarda secretos que el hielo indolente esconde ,historias y promesas recuerdos de huellas imborrables refugio de animales indomables ,en ti se ha derramado la sangre de naciones y personajes memorables ,países y ríos atraviesas ,la luz dorada del sol te ilumina y sus rayos bañan tu albura ,tu suave candor tu eterna belleza y hermosura que reflejan la tibieza que desde lejos los héroes contemplan como majestuosa te alzas derramando al andino tu hermosura,en tus venas la grandeza que se desliza con dulzura el chileno y su cultura te rinden homenaje tu belleza y albura cordillera de Los Andes